TESTIMONIOS DE MUJERES PARA LA VEU DE LES FLORS
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Quiero dar voz a mi historia. Una historia que lleva la herida del abuso y del maltrato por hechos ocurridos en la infancia, y de cómo estos me han afectado el resto de mi vida; en mi forma de relacionarme, de mostrarme al mundo; de cómo se mermó mi integridad, mi autoconfianza, mi autoafirmación; y de cómo dejó un sentimiento continuo de inseguridad y desconfianza hacia las personas y el mundo.
Recibí abusos tanto de desconocidos como de conocidos, de hombres, y también de mujeres. Hechos impactantes para una niña que no entiende qué ocurre y que truncan el instinto más primitivo, de huida y de defensa, y en contraposición, le hace entrar en parálisis, ya sea por no recibir ayuda, por la creencia de la culpa de estar haciendo algo mal, por no saber cómo salir, o no tener herramientas para ello.
Algunos hechos no los recuerdo, pero sí tengo una sensación física de haberme sentido despavorida y desprotegida. Quizás el olvido sea un mecanismo de defensa y haga que en la mentalidad de una niña se perpetúe el silencio, ya que: “Lo que no se cuenta es como si no hubiese pasado”.
Tras largos procesos de terapias y búsqueda personal, fui consciente no sólo de cómo afecta a mi vida sino también de porqué en mi juventud permití y recibí más abusos y maltratos que quedaron tapados como “sucesos consentidos”, ya sea por inconsciencia, por miedo a que no me creyeran o me culparan de ello, miedo a represalias, miedo a que no me quisieran, o bien por complacer al otro… ya que el sentimiento de culpabilidad siempre estuvo presente.
Decido darle voz ahora, primero por la consciencia que he tomado del peso que tiene, y no por buscar culpables o venganza, sino más bien porque me doy cuenta que el silencio sólo lleva a perpetuar el maltrato y el abuso, y que, de alguna manera, se protege al abusador. Pero sobre todo porque quisiera acabar con ese miedo o esa auto-culpabilidad, al callar y dejar en el olvido algo que afecta para toda la vida, ese algo que sufren, sobre todo, muchas mujeres en silencio, porque ni siquiera saben cómo pueden ponerle voz y que sea acogido.
Intento con esto poder darle la vuelta, buscarle la parte transformadora de la experiencia y, por supuesto, también que pueda servir a otrxs para tener el valor de dar voz a su verdad.
P. 54 años. Artista Plástica y Arteterapeuta
Cuando tenía 11 años, me asaltó un hombre en la calle, me amenazó de muerte si lloraba y me violó. El tío en cuestión aún no era mayor de edad por lo que apenas hubo consecuencias legales para él, además mi ciudad era pequeña y vivíamos a dos calles.
Con el tiempo y la terapia me he dado cuenta de que, aunque el hecho en sí fue fuerte y traumático, había otros hechos asociados que me afectaron de una forma igual de profunda. Por un lado, sentí una victimización por parte de mi entorno (debido a la desinformación en estos temas): incomodaba si necesitaba hablar del tema, casi nadie sabía cómo tratarme o como hablar del hecho... y se acaba generando una especie de tabú donde todo el mundo lo sabe, pero nadie lo trataba con naturalidad, que al final generó culpa, incomodidad y vergüenza: "es algo que tengo que esconder y no puedo sacar a la luz". Aún hoy en día puede ser difícil tratarlo con naturalidad, aunque creo hay más conocimiento de causa.
Por otro lado, el hecho de redactar me ha conectado con la sensación de hacerme pequeña que me ha acompañado sobre todo los años siguientes al ataque: ir por la calle sin llamar nunca la atención, vestir con ropa ancha, no esforzarme por estar guapa. No atraer por si luego no me puedo responsabilizar de eso o me meto en una situación complicada, impotencia y dependencia de no poder volver sola a casa, creer que tenía la culpa de esto... en definitiva, cosas que quizá con un poco más de acompañamiento o comprensión del entorno pueden hacer que el desarrollo de las niñas sea más saludable.
Helena G. 28 años. Músico-Pianista
Desde que despertó en mí el deseo de ser madre, siempre he soñado con esta segunda rayita. Tantas veces he hablado con mi vientre pensando (y deseando) que allí dentro habitara un ser creciendo… El primer positivo llegó y fui la persona más feliz de la tierra. Mi pareja lo celebró con un ceño algo fruncido (demasiado rápido había sido para él. Él hubiera preferido esperar).
La segunda vez que apareció esta segunda raya positiva sabía que no sería bien recibida. Mi deseo de ser madre por segunda vez era y es enorme. Gestar vida dentro es algo mágico, maravilloso y el mejor regalo que nos pueden hacer a todas aquellas mujeres que deseamos ser madre. Este deseo que tantas veces me ha hecho enloquecer es algo animal, no responde a la razón. La segunda rayita no fue celebrada por nadie. Había una pareja con el rotundo no en su boca y unos padres rotos de dolor por el sufrimiento de su hija.
Yo, por dentro, solamente deseaba proteger aquella criatura, que más tarde recibiría el nombre de cuca de llum, y poder tenerla en mis brazos algún día. No pudo ser. Tuve que elegir. Elegir entre el deseo más animal que nunca he experimentado y, aplicar la razón, y elegir a mi familia, a mi hija. Antes de tomar aquella pastilla que pondría fin a los latidos de aquel pequeño corazón, pedí ver su corazón. En blanco y negro latía fuerte. Lloré fuerte y a mi alrededor (pareja, ginecóloga y enfermera) solamente hubo silencio. En silencio había pedido a aquella criatura que aguantara y le había prometido que yo la protegería. Ahora es un ser de luz que me acompaña. Me acompaña en silencio y desde el silencio.
Por fin, he logrado sentir paz. He logrado perdonarme. He logrado entender y aceptar la decisión más dura de mi vida y he recuperado mi inocencia. También siento que cuca de llum me ama y me acepta incondicionalmente. Pensar en cuca de llum me calma, me sana. Ahora cuca de llum tiene un espacio en mi corazón, en mi memoria y dentro de mí; una vez más desde el silencio.
35 años. Psicóloga

Siempre me he sentido menos que mi hermano menor, simplemente por el hecho de que él es varón.
De pequeña solíamos jugar bastante juntos (nos llevamos tres años), pero cuando yo quería ponerle límites en el juego, mis padres me decían que 'tenía que usar la diplomacia'. En la escuela él y sus amigos me molestaban en el recreo, y yo me sentía impotente ante ellos.
Así, aprendí a ser delicada y considerada al poner el límite, llegando a dudar de ello, y teniendo que 'repensar' mi necesidad de acción y darle la vuelta, mitigar el límite para ser suave.
Eso me ha afectado en todos los niveles de mi vida: Me cuesta pedir lo que necesito, me amoldo al otro/a. Me cuesta decir que no. Sufro por el efecto que tienen mis acciones en los otros, hasta el punto de sentir culpabilidad después de mis acciones deseadas.
Tengo dificultad en ir tras mis sueños y proyectos, y mucho más... Incluso hoy en día, más de 30 años después, mi padre sigue otorgando a mi hermano méritos también realizados por mí, y que en ningún caso me son alabados.
Laura T. 41 años. Profesora de secundaria, Terapeuta y Cantante
Fa uns 12 anys, denuncia col·lectiva per maltractament psicològic d'un antic professor d'extraescolars. Després d'haver passat judici d'instrucció, que ho consideressin pertinent i anar a judici, mentre declarava amb ell a 2 metres de mi, quan vaig explicar les humiliacions constants la jutgessa em va dir: necesitamos fechas exactas, insultos concretos.
Em vaig sentir tant impotent. No van entendre que això funciona per repetició de petits i grans actes constants, manipulació, destrucció de l'autoestima sent menor d'edat, aïllament del teu entorn habitual, etc.
Vam perdre el judici tot i els informes psicològics i els testimonis de professionals.
Iris P. 33 años. Investigadora
Siempre he pensado, sentido, que mi parte femenina era esa parte sensible, débil y vulnerable. Ahora me doy cuenta de que también es fuerte, en ella hay una parte de mujer fuerte. En esta sociedad, en la vida, no me he sentido apoyada, me he sentido rechazada.
Estoy en un momento de mi vida en la cual me siento muy sensible, con miedo, desvitalización. Dándome cuenta de mi energético, mi necesidad de vivir arreglo a mis posibilidades.
Mi mente tiene muchas ideas y proyectos y mis tripas están cansadas. Ya nací sangrando por el ombligo y con un sentimiento profundo de soledad. Esto me ha acompañado toda la vida, este estado me ha limitado a la hora de vivir, he sentido vergüenza, frustración, mucho miedo, rabia. Esto me ha llevado a un excesivo control, y ocultación de quien verdaderamente soy, por miedo a ser juzgada y rechazada, ya que desde siempre no me he sentido amada como necesitaba, había una carencia importante, tenía etapas de compartir y mostrarme y otras de retraimiento.
Ahora cada vez más quiero ser y ya está, sin expectativas y con mucho amor y respeto hacia mi sentir. Valorarme y renacer tantas veces como necesite.
Maribel A. 60 años. Administrativa
Mi sentir como mujer nudista a lo largo de mi vida como nudista. Todo empezó con una amiga haciendo toples, pero creo que me dejé llevar y veía cuerpos diferente al mío y empecé a tener problemas serios.
Con 17 /18 años sufrí mucho con mi cuerpo me castigue yo misma tuve anorexia llegue a pesar 30 kilos y me costó mucho salir de ese estado. Así que ese no fue mi momento como nudista no me aceptaba no era capaz de quererme ni de mirarme al espejo. Y cuando empecé a salir de todo eso tuve 2 relaciones muy malas machaque (psicológico y maltrato físico) Así que continuaba pasándolo mal y no me quería nada estaba anulada.
Hay momentos que hoy en día he olvidado por completo, pero otros que hacen que me haya puesto una coraza y sea incapaz de decir un te quiero a la persona que está a mi lado. Cuando con 24 años y mucha ayuda psicológica que fue cuando decidí cambiar mi vida radical y juntarme con gente sana, fue entonces en ese cambio cuando conocí al que al día de hoy es mi marido y junto a él decidí ir formándome como mujer no quería que nadie más me hiciera daño quería ser libre pero también sentirme libre esa primera vez sin nada de ropa en una magnifica cala fue espectacular la brisa rodeaba mi cuerpo el sol me daba calorcito y el agua estaba helada esa cala en aquel entonces era 80% nudista y me sentí muy cómoda fue como volver a nacer empezar a quererme y sentirme bien conmigo misma pero también me costó unos cuantos años recuperarme y quererme como me quiero ahora y todo fue porque creo que nací para ser nudista es lo que me da las fuerzas para superar todos los baches que se cruzan en mi camino es como que voy saltando las olas de mi magnifica pequeña cala me encanta el mar y me hace sentir muy bien.
Hoy día y con todos mis cambios que ha sufrido mi vida y mi cuerpo me siento bien, pero sobre todo y lo más importante me siento libre. Aunque a veces caiga y me sienta mal siempre busco un rinconcito donde mirar al mar sea mi salvación conmigo misma y volver a disfrutar desnuda en el mar. Cuando todo se cae, el dolor nos invade y la tristeza se instala en nuestro interior, es el momento para buscar la luz, mi luz es el nudismo. La luz es esa rendija que aboca a un precipicio de colores, de vida y de sueños dulces, pero para conseguirlo hay que ser valiente, creer en mí misma, lanzarse sin miedo al vacío y ahí en la caída tendrás todas las respuestas que buscabas y que dentro de tu hermético y negro cascarón no hallabas. Todas valemos, pero sólo unas cuantas nos lo creemos. No esperes que nadie te diga lo que vales, ni te halague con elogios, quiérete, valórate, nadie es más importante que tú, para ti.
Laura. 44 años. Nudista y Agente de seguros.
Como la gran mayoría de mujeres, tengo unas cuantas historias que ahondan en mi como espinas que campan a sus anchas por mi torrente sanguíneo, y tal como si fueran virus que merecen ser liquidados, las tengo cubiertas por costras que cubren heridas que no sanan.
Traumas acumulados, que a día de hoy se me hacen tan visibles que ya no hay costra que las cubra, resquebrajadas, produciendo quemazón, rascando capas de células secas brotando con descarada lucidez. Ahí estoy valiente, arrancando sin miedo ya, esas putas espinas.
Pongo orden, escribo el relato de mi vida, lo miro y me ayuda a entenderme, amarme... No estoy loca. No soy rara. No soy mala, ni buena... Soy una mujer que vivía sin entender, con una gran confusión, montada en una inercia acelerada de supervivencia, sin prestarme atención.
Ahora renazco en el presente, pura supervivencia también, con una gran diferencia, la consciencia. Y a pesar de momentos jodidos, me siento bien, me amo. Y disfruto de cada bocado de vida.
Acepto mis desvaríos, mi feminidad, mis lujurias vividas y las que me permito ahora, porque las deseo y las disfruto sin la vergüenza del "pecado".
Soy. Y siento que ese Dios que nos guía, siempre fue una mujer.
Alicia A. 58 años. Secretaria de alto cargo. Mujer multidisciplinar
El trauma, trasfondo de TOC
(…) Aunque está oscuro, aunque es casi de noche y aunque solamente la difuminada luz del crepúsculo esculpe imprecisas formas en el escenario, puedo distinguir con absoluta exactitud los cuadros celestes y blancos del minúsculo vestido esparcido por la pálida piel de la niña, quien permanece completamente inmóvil tendida sobre un enorme sofá opaco.
Unas desmesuradas manos -como aves carroñeras sobre su presa- hurgan en su blanca carne ultrajándole el alma. La niña yace inerte. Hace un rato que ya no lucha. Sus pequeños puños repletos de coraje que han combatido impetuosos, han agotado su limitada fuerza y ahora está abandonada a su suerte. La suerte no es favorable y permite que el monstruo continúe agujereando el cuerpo extenuado de la niña, quien ya ha renunciado a su materia y con el último aliento, ha retirado la mente de sus ojos mojados reservándolos de presenciar el horror.
Aunque la niña cada día al caer la noche abrirá su caja de conjuros y rezos y ejecutará a la perfección su ritual de deshacer maldiciones, serán aún largos los años en los que la suerte permanecerá en mala racha, atrayendo hasta su cuerpo, una y otra vez indiscriminadamente la atrocidad. Cuando la suerte cambie, las marcas habrán traspasado su piel, atravesado su carne y sus huesos y destrozado su mente, confinándola a la locura que guarda el silencio aterrador del secreto (…)
Comprender la naturaleza del trauma. Judith R. (HakaBooks|e-dition).
Judith R. 56 años. Psicoterapeuta y Escritora.
M’acaricies la panxa amb prudència i delicadesa, com una pluja fina, com tu eres, discreta i humil, essent-hi sense fer soroll. Ho fas conscient que la vida se t’escola entre les mans i que el rellotge, que et juga en contra, corre cada cop més ràpid.
Preguntes als metges si podràs conèixer-la. I lluites, ho fas amb totes les teves forces, fins a l’extenuació. Amb tot, encara fas broma i hi poses algunes notes d’humor en els últims dies, traient ferro d’on gairebé ja no en queda. Quants cops has dit amb il·lusió “la meva filla está embarassada”, entre proves, metges i infermeres… Què injusta i cruel pot ser la vida.
Onze dies. Onze dies que separen la mort de la vida. Onze dies que us separen.
Maternar. Quan tot just acabes de perdre la mare. Maternar sense la mama que havia de ser la iaia. Sense referents. Sense família a prop. Sense tribu. Sense grup, en femení. Sense la companyia, l’abraçada, la mirada, la conversa... càlida i necessària, com els rajos de sol a la primavera, que reconforten i escalfen. Que difícil es fa a vegades.
“Hauries de tenir il·lusió”, em vas dir, i m’aferro a aquestes paraules teves. Perquè sé que és el que hauries volgut. Mirar endavant. És el que toca, ara. Per tu, mama. Per ella.
Núria. 42 años. Bióloga y Psicóloga
Canto infinitamente libre:
Canto por la liberación del Ser transformadx en un Ser libre, canto porque nuestro canto nos hace ser libres, canto por los que no tienen voz. Canto por lxs que se silenciaron por miedo a ser.
Canto por lxs que no están, por lxs que no pudieron nacer, por lxs que no pudieron ser, canto por lxs que murieron prematuramente y no pudieron crecer en esta vida ni en este mundo, por lxs que no tuvieron funeral ni entierro. Canto por lxs que son invisibles.
Canto por los que estuvieron o están sometidxs, exclavizadxs, torturadxs, maltratadxs, abusadxs, explotadxs, excluidxs, exiliadxs, rechazadxs, abandonadxs, indefensxs, vulneradxs, desemparadxs. Canto para curar y sanar nuestras heridas. Canto por los que no ven su luz ni la luz, por los que viven en la sombra, por los que no ven sus sombras, canto para integrar nuestras luces y sombras. Canto validando el dolor de todxs los seres y para visibilizar nuestras cicatrices embellecidas. Canto honrando nuestra resiliencia. Canto por los que cargamos con la responsabilidad y con la culpa y nos enfermamos por cegarnos a la verdad, canto por soltar mi enfermedad. Canto por los que mantuvimos lealtades y decido en mi canto soltar el dolor que no es mío. Canto para purificarme y estar libre de energías que no me pertenecen.
Canto por la vida y por todas las vidas, ahora y siempre, hasta que abrace la muerte y más allá de mi muerte. Canto por nuestros antepasados y ancestros, sus vidas y todas nuestras vidas. Canto por nuestra trascendencia y por la reparación de nuestras almas. Canto por soltar lo que no nos llena de gozo y dicha y honrar también su paso en el camino. Canto sintiendo el gozo. Canto por nuestros duelos y nuestros saltos evolutivos.
Canto por lxs que no nos arriesgamos a decir lo sagrado que sentimos, ni dimos el paso, al toparnos con otro ser que vibra en misma frecuencia de espíritu, por miedo a ser y amar, por miedo a más dolor profundo, por miedo hacer más daño. Canto atreviéndome a lo eterno trasmutando experiencias anteriores. Canto sabiendo tomar las oportunidades que me da la vida y el universo.
Canto por mi esencia, por nuestra esencia. Canto para expresar el arte de vivir. Canto viviendo en mí y más allá de mí. Canto desde el coraje y el amor que me nace y puedo darnos. Canto creando y construyendo puentes de unión y verdad. Canto por sororidad y fraternidad. Canto gratitud infinita. Canto con felicidad de ser y existir. Mi canto es parte de vosotrxs y vuestro canto es parte de mí. Suelto lo que no me deja evolucionar y os honro.
Salto.
Saltamos.
Silvia D. 42 años. Trabajadora social, Arteterapeuta y Cantante.
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  TESTIMONIOS DE MUJERES QUE VISITARON LA EXPOSICIÓN EN EL MUSEU DE LA DONA DE TOSSA DE MAR
A veces me pregunto por qué elegí venir a esta tierra y cual fue el motivo de que me tocase un papá y una mamá que habitaban mentalmente otras realidades y no esta.
Mi mamá, creativa de carácter fuerte, femenina y espiritual, un día de adolescente besó a la locura. Hasta hoy la abraza y la acompaña en su camino en forma y etiqueta de esquizofrenia. Un día esa parte de ella se enamoró de mi papá, otro ser que de chico sufrió mucho, y en esa locura ambos se encontraron.
Mi mamá tenía tanto anhelo por tener una hija y mi papá al parecer era su hombre idealizado, carismático, interesante (y en su contracara, violento, adicto y manipulador). Pero en fin el hombre ideal para ser mi papá. En contra de todos los pronósticos nací en ese seno familiar en donde coexistíamos los 4, mi mamá, papá y la locura…
Amaba a mi papá, era mi superhéroe y también a mi mamá, era mi artista favorita. Pero un día la locura de mi papá fue tan grande que yo empecé a entender que era como mi mamá, ya no era Rosita, era Cinthia. Empezaron los abusos sexuales a mis 5 años. Durante todo un año fue mi normalidad.
¿Cómo un padre puede hacer algo así?, ¿se lo hacía también a mi mamá? A mi mamá la salvó el arte, a mí, mi abuela y también el arte.
Hubo dos hijos en mi vida que siento que responden un poquito las primeras preguntas. Haberme animado a contarle a mi abuela lo de mi papá. Encontrar en la arteterapia, en los procesos que habilito para mí y para otros un puente de entendimiento y transformación de mi propia historia.
Estos caminos, esta vida, esta elección de papá y mamá y en gran parte el abuso, me forman, me inspiran para conectar desde un lugar sensible con el arte y la creatividad que mueven, abrazan, escuchan y dan espacio a historias de vida fuertes…
¡Gracias por este espacio-tiempo de arte y vínculo entre nosotras!
¡Qué magia tu arte!
Rosa Selene Serafin
He estado toda la vida castigándome, ocultando mis talentos, haciéndome pequeña, callándome, y asumiendo que si asentía las personas me hubieran querido. He sexualizado mi cuerpo para ser apreciada por los hombres, abusada en múltiples ocasiones por hombres distintos. He odiado mi cuerpo toda mi vida, con una larga anorexia y contando las calorías de cada pequeño alimento que tragaba.
He intentado encajar ferozmente, de cualquier manera y nunca era feliz.
Desde hace unos años y gracias a la terapia, la danza, el arte y el feminismo, siento que estoy renaciendo. Siento que soy merecedora de brillar, de vivir como quiero, de hacer lo que quiero con mi vida. Siento que no tengo que esconderme o mostrar solo la parte “bonita” (y callada) de mí para ser aceptada. Porque me acepto.
Por fin me siento suficiente y merecedora de estar en este mundo.
Me ha emocionado muchísimo tu exposición. GRACIAS. Eres pura inspiración.
Martina. 33 años. Promotora de igualdad de género, Terapeuta sexual y Artista

Sobreviviendo. Batallando… Unos años, los jóvenes, los primeros, de felicidad, la que da el descubrimiento de la vida, las experiencias que son nuevas, las ilusiones, las expectativas…la creencia que el mundo te pertenece y que puedes cambiar ese mundo y transformarlo en un hogar más bello, más acogedor, más justo…
Y después, años de lucha, de convivir con una realidad que no puedes cambiar, o quizá no sabes. Una pareja equivocada, el disco de encajar en un grupo que no es el tuyo.
Tienes un hijo, pasa el tiempo, no puedes más y todo explota.Te separas, la familia te rechaza, tu hijo no te quiere.
Y te preguntas si unas decisiones equivocadas del pasado van a lastrar toda tu vida. A ti, mujer innovadora en su momento, que ayudaste a romper esquemas, que fuiste hermosa.
Bea, 69 años
Siento que he estado en muchos tiempos y lugares lejanos, pasados. Los miedos a lo que no puedo ver, la angustia por un futuro tal vez catastrófico, la vergüenza por el rechazo que sigo sintiendo hacia mí por quienes más me importan, mis seres más cercanos, sólo desaparece cuando encuentro el dolor real en almas desconocidas, desubicadas, trasladadas, desenraizadas.
Solo encuentro la fuerza interna que lleva el agua cuando tiendo puentes.
Blanca 
Quan se m’ha informat d’aquest projecte al arribar al museu de la Dona, només m’ha vingut una historia a la ment. He pensat que potser no era adequada, però com és el que més m’ha ressonat en aquests moments, l’explicaré. I és la de quan el meu cosí va abusar sexualment de mi quan només tenia uns 6 anys o menys, no recordó bé. Ell en tenia uns 12 i una tarde a casa l’avia, en va tancar dins l’armari de l’habitació.
Jo sempre m’he sentit culpable perque no m’hi vaig oposar, vaig deixar que passés. Però es que no entenia que estaba fent.
Després d’això, tot va continuar com si res i ningún no va saber. Passaven els anys i vaig crear una dinámica en la que estaba molt allunyada del meu cosí. Recordo tenir 10 anys i tenir por d’ell. I un dia la meva àvia en va dir que si tenia algún problema, que era el meu cosí, bàsicament insinuant que era molt lleig que jo fes algo així. La impotència va ser molt gran, perque no li podía dir que és que ell havia abusat sexualment de mi , perque si ho feia, només portari més problemes i desmuntaria la falsa imatge de “familia normal” que teniem muntada.
Quan tenia 15 anys, no vaig poder més i li vaig explicar al meu pare i a la meva germana. La meva germana no va poder fer res més que plorar, i el meu pare em va dir que no digués res.
El meu cosí es va casar farà un mes, ell té uns 30 anys i jo 24.
Crec que mai he odiat  a ningú , però el que sento cap a ell podría ser lo més proper  que  sento a l’odi. Va plantar en mi la desconfiança cap a la familia. Em fa sentir bruta. I el fet de que mai m’hagi demanat perdó, perqè segur que se’n recorda, en mata per dins.
Esther
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